Trastornos del estado de ánimo: Cuando hay un trastorno del estado de ánimo, el
paciente pierde la sensación de control sobre su ánimo y experimenta malestar
general. Estos trastornos se dividen en bipolares y depresivos.
Según
la OMS es un trastorno mental que se caracteriza por la presencia de tristeza,
perdida del interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima,
trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de
concentración; puede ser crónica o recurrente, en su forma más grave puede
conducir al suicidio, lo que la hará requerir medicamentos y terapia psíquica y
en su forma más leve puede ser tratada sin la necesidad de ningún medicamento.
CONCEPTUALIZACIÓN
La
tristeza y la depresión constantemente son confundidas, la tristeza se trata de
un sentimiento natural ante una pérdida o una situación fuera del control
habitual de una persona, esta tiene un ciclo corto dentro de la vida del ser
humano y se resuelve por sí misma, si bien es uno de los síntomas de la
depresión no necesariamente se encuentra en todos los casos de la misma; en
cambio la depresión es un trastorno que tiende a ser crónico y afecta en todos
los aspectos de la vida del ser interrumpiendo su cotidianidad, puede haber
casos de depresión sin tristeza como parte de su sintomatología.
CLASIFICACIÓN DE ACUERDO AL DMS IV
Trastornos
depresivos
F32.x Trastorno depresivo mayor, episodio único
F33.x Trastorno depresivo mayor, recidivante
F34.1 Trastorno distímico
F32.9 Trastorno depresivo no especificado
ETIOLOGIA
Tiene
un origen multifactorial, se ha mencionado que influye la genética, el entorno
social, desequilibrios bioquímicos y fisiológicos, hay evidencias de alteraciones a nivel de
neurotransmisores, citoquinas y hormonas, además de modificaciones en los
sistemas nervioso, inmunológico y endocrino; así como la poca aceptación de la
realidad física, emocional, económica del hombre con su medio, entre otros
factores menos comunes que pudieran afectarlo.
CLASIFICACIÓN DE LA DEPRESIÓN
Para
comenzar a hablar sobre la depresión en niños y adolescentes, antes debemos
tomar en cuenta ciertos criterios, los cuales nos ayudarán a entender y abordar
el tema, de una perspectiva no adulta, pues, hay que entender que las maneras
de diagnosticar la depresión en adultos difieren a las que se emplean para
diagnosticarla en menores, no obstante, no hay que diferenciar la manera en que
sienten los niños y adolescentes de los adultos. Para ello, existen diversos
puntos de vista para abordar la problemática; hay quienes toman la depresión
infantil como algo transitorio y que pasa con la edad, siendo esta perspectiva,
la que menos seguidores tiene; los hay quienes ponen en el mismo nivel la
depresión en adultos a la de los niños y adolescentes; existen quienes diferencian
depresión en adultos cómo en menores; por último, hay una confusión a la hora
de ubicar en alguna de las psicopatologías de la depresión, a la que viven los
niños y adolescentes.
La
corriente que ve la depresión infantil al igual que la adulta, no hace diferencia
alguna entre ambas, siendo esta la corriente que se denota en el DSM lll, en el
que no existe una categoría diagnóstica para menores, aunque, sí
características de comportamiento en niños y adolescentes, marcados por
irritabilidad, retraimiento social y dificultades escolares. En este sentido,
muchos investigadores aplican los mismos criterios de diagnóstico de depresión
en adultos que en niños, mismos que van desde varios periodos de desagrado
emocional, pérdida de interés o placer, pérdida o aumento de peso y/o apetito, trastornos
del sueño, pérdida de interés por el contacto social o sexual, sentimientos de
autorreproche, incapacidad para concentrarse y pensamientos recurrentes de
muerte; todo esto durante periodos de dos semanas cómo mínimo,
Otro
de los puntos de vista, además de los indicadores de depresión en adultos,
agregan síntomas particulares a la depresión infantil, los cuales incorporan la
tristeza, autoimagen negativa, retraimiento, excesiva preocupación por la
muerte, dificultades del sueño, lentitud psicomotora, rechazo escolar, pérdida
de interés, hiperactividad motora y verborrea.
En
el caso de los adolescentes, se asocia la depresión con la grave incapacidad de
funcionamiento personal, social y vegetativo, así como el enlentecimiento
general, sentimientos de desconfianza y desesperanza, apareciendo las ideas de
suicidio.
TIPOS DE EVALUACIÓN DE LA DEPRESIÓN
Murray
(1970) propone ocho síntomas que podrían ayudar a la hora de diagnosticar un
cuadro de depresión infantil: trastorno del sueño, temor a la muerte,
retraimiento social, absentismo escolar, quejas somáticas, conducta agresiva y
ansiedad general. Murray sostiene que los niños que muestran al menos 4 de
estos síntomas, sufren de depresión, además de que en los niños pequeños (de 6 a 10 años), la ansiedad será más común, a
diferencia de los niños mayores y adolescentes (11 a 15 años), quienes
mostrarán conductas agresivas con mayor frecuencia.
No
obstante, Gottman (1977) afirma que la depresión infantil y adolescente
responde a dos situaciones: cuando existe retraimiento social, definido por la
baja frecuencia de relaciones con sus semejantes; y la del retraimiento social
cómo consecuencia del rechazo. Otra perspectiva relaciona la evitación del
contacto social y la baja interacción con los compañeros de escuela, con una
alta frecuencia de juego individual, autoestimulación, etc. Cabe señalar que el
retraimiento social, cómo consecuencia del rechazo de los compañeros, no sería
considerado como retraimiento social.
Por
último, existen investigadores del tema, que ubican síntomas encubiertos de la
depresión, los cuales no denotan las clásicas conductas de tristeza, sueño o
falta de interés en niños y adolescentes. Estos síntomas enmascaradores están
relacionados con conductas observables, tales como comportamientos
disfuncionales, hiperactividad, enuresis (hacerse pipí involuntariamente),
trastornos del aprendizaje, quejas somáticas. ansiedad, cansancio, incapacidad
para concentrarse, insatisfacción, pérdida de apetito, dislexia, mentiras y
robos menores.
Por
otra parte, también existe la posibilidad de distinguir los diferentes tipos de
depresión en niños y adolescentes. Malmquist (1975) propone diversas
categorías, entre las que asocia las enfermedads orgánicas como parte del
proceso patológico de la depresión; síndromes de privación, debidos a un
ambiente no gratificante; síndromes asociados con dificultades para
individualizar;tipos de latencia, como estados maniaco-depresivos, carencia de
afecto, fracaso en alcanzar metas utópicas; y tiposde adolescentes.
Mc.Conville,
Boag y Purohit ubican tres variantes de la depresión infantil: subtipo
afectivo, descrito por llanto, tristeza, desamparo, retraimiento, problemas con
la crianza, etc; subtipo de autoestima negativa, que provoca una autoestima
baja, valoración baja por parte de los demás, miedo a seguir fracasando, etc; y
el subtipo de depresión o culpa, que deriva de una pérdida, seguida de
culpabilidad excesiva, autocastigo, pensamientos autodestructivos, etc.
En concreto, podemos definir que existen relaciones entre los factores que permiten diagnosticar la depresión en adultos tanto como en niños, no obstante, también hay diferencias que es necesario tomar en cuenta a la hora de evaluar su diagnóstico en niños. Por otro lado, en lo que refiere a los adolescentes, aún hace falta continuar avanzando con las investigaciones para poder hacer una diferenciación efectiva entre la depresión en adultos.
a. Tratamiento farmacológico
Indicado
para todos los casos de depresión, sea leve o grave. El
fin del tratamiento es la supresión total de los síntomas y el restablecimiento
funcional, disminuyendo el riesgo de recaídas y recurrencias mejorando el
pronóstico.
Los
fármacos antidepresivos no general adicción. La respuesta antidepresiva puede
percibirse a partir de la tercera semana de recibir el fármaco, teniendo que
ser siempre la misma dosis recetada.
Los
errores más frecuentes en la prescripción de fármacos son: la utilización de
dosis insuficientes y durante periodos periodos muy cortos. La duración del
tratamiento más idónea es de 8 a 12 meses o en algunos casos indefinido si el
estado depresivo es superior a un año.
b. Tratamiento no farmacológico
Aquí
se presenta la intervención Psicoeducativa que utiliza la educación como parte
del tratamiento psicosocial que proporciona técnicas para afrontar el
trastorno. La intervención psicoterapéutica deberá ser proporcionada por
personal de psiquiatría y psicología.
Se
recomienda la asistencia a grupos de ayuda por personal capacitado, así como
intervenciones de prevención y promoción de la salud así como actividad física
o recreativa.
Las
técnicas psicoterapéuticas: terapia cognitivo-conductal, terapia interpersonal
y la psicoterapia de solución de problemas son evidentemente consideradas de
gran utilidad en el manejo de la depresión en conjunto con antidepresivos.
BIBLIOGRAFÍA
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