lunes, 16 de mayo de 2016

Epidemiología, clasificación del tema y tipos de evaluación de la depresión.


Para comenzar a hablar sobre la depresión en niños y adolescentes, antes debemos tomar en cuenta ciertos criterios, los cuales nos ayudarán a entender y abordar el tema, de una perspectiva no adulta, pues, hay que entender que las maneras de diagnosticar la depresión en adultos difieren a las que se emplean para diagnosticarla en menores, no obstante, no hay que diferenciar la manera en que sienten los niños y adolescentes de los adultos. Para ello, existen diversos puntos de vista para abordar la problemática; hay quienes toman la depresión infantil como algo transitorio y que pasa con la edad, siendo esta perspectiva, la que menos seguidores tiene; los hay quienes ponen en el mismo nivel la depresión en adultos a la de los niños y adolescentes; existen quienes diferencian depresión en adultos cómo en menores; por último, hay una confusión a la hora de ubicar en alguna de las psicopatologías de la depresión, a la que viven los niños y adolescentes.

La corriente que ve la depresión infantil al igual que la adulta, no hace diferencia alguna entre ambas, siendo esta la corriente que se denota en el DSM lll, en el que no existe una categoría diagnóstica para menores, aunque, sí características de comportamiento en niños y adolescentes, marcados por irritabilidad, retraimiento social y dificultades escolares. En este sentido, muchos investigadores aplican los mismos criterios de diagnóstico de depresión en adultos que en niños, mismos que van desde varios periodos de desagrado emocional, pérdida de interés o placer, pérdida o aumento de peso y/o apetito,trastornos del sueño, pérdida de interés por el contacto social o sexual, sentimientos de autorreproche, incapacidad para concentrarse y pensamientos recurrentes de muerte; todo esto durante periodos de dos semanas cómo mínimo,

Otro de los puntos de vista, además de los indicadores de depresión en adultos, agregan síntomas particulares a la depresión infantil, los cuales incorporan la tristeza, autoimagen negativa, retraimiento, excesiva preocupación por la muerte, dificultades del sueño, lentitud psicomotora, rechazo escolar, pérdida de interés, hiperactividad motora y verborrea.
En el caso de los adolescentes, se asocia la depresión con la grave incapacidad de funcionamiento personal, social y vegetativo, así como el enlentecimiento general, sentimientos de desconfianza y desesperanza, apareciendo las ideas de suicidio.
Por otro lado, Murray (1970) propone ocho síntomas que podrían ayudar a la hora de diagnosticar un cuadro de depresión infantil: trastorno del sueño, temor a la muerte, retraimiento social, absentismo escolar, quejas somáticas, conducta agresiva y ansiedad general. Murray sostiene que los niños que muestran al menos 4 de estos síntomas, sufren de depresión, además de que en los niños pequeños (de 6  a 10 años), la ansiedad será más común, a diferencia de los niños mayores y adolescentes
(11 a 15 años), quienes mostrarán conductas agresivas con mayor frecuencia.
No obstante, Gottman (1977) afirma que la depresión infantil y adolescente responde a dos situaciones: cuando existe retraimiento social, definido por la baja frecuencia de relaciones con sus semejantes; y la del retraimiento social cómo consecuencia del rechazo. Otra perspectiva relaciona la evitación del contacto social y la baja interacción con los compañeros de escuela, con una alta frecuencia de juego individual, autoestimulación, etc. Cabe señalar que el retraimiento social, cómo
consecuencia del rechazo de los compañeros, no sería considerado como retraimiento social.

Por último, existen investigadores del tema, que ubican síntomas encubiertos de la depresión, los cuales no denotan las clásicas conductas de tristeza, sueño o falta de interés en niños y adolescentes. Estos síntomas enmascaradores están relacionados con conductas observables, tales como comportamientos disfuncionales, hiperactividad, enuresis (hacerse pipí involuntariamente), trastornos del aprendizaje, quejas somáticas. ansiedad, cansancio, incapacidad para concentrarse, insatisfacción, pérdida de apetito, dislexia, mentiras y robos menores.

Por otra parte, también existe la posibilidad de distinguir los diferentes tipos de depresión en niños y adolescentes. Malmquist (1975) propone diversas categorías, entre las que asocia las enfermedads orgánicas como parte del proceso patológico de la depresión; síndromes de privación, debidos a un ambiente no gratificante; síndromes asociados con dificultades para individualizar;tipos de latencia, como estados maniaco-depresivos, carencia de afecto, fracaso en alcanzar metas utópicas; y tiposde adolescentes.
Mc.Conville, Boag y Purohit ubican tres variantes de la depresión infantil: subtipo afectivo, descrito por llanto, tristeza, desamparo, retraimiento, problemas con la crianza, etc; subtipo de autoestima negativa, que provoca una autoestima baja, valoración baja por parte de los demás, miedo a seguir fracasando, etc; y el subtipo de depresión o culpa, que deriva de una pérdida, seguida de culpabilidad excesiva, autocastigo, pensamientos autodestructivos, etc.

En concreto, podemos definir que existen relaciones entre los factores que permiten diagnosticar la depresión en adultos tanto como en niños, no obstante, también hay diferencias que es necesario tomar en cuenta a la hora de evaluar su diagnóstico en niños. Por otro lado, en lo que refiere a los adolescentes, aún hace falta continuar avanzando con las investigaciones para poder hacer una diferenciación efectiva entre la depresión en adultos.

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